Meditaciones Urbanas

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Meditaciones Urbanas

Aprender a meditar en contextos urbanos -por lo general, altamente poblados, contaminados o ruidosos- es un gran desafío. Sin embargo, a pesar de lo que muchos creen, hacerlo es perfectamente posible y necesario.

Juntarnos a meditar en una plaza, parque o anfiteatro, constituye un acto a la vez simple y profundo. Al hacerlo, damos vida a nuevos paisajes ciudadanos, establecemos un vínculo de compromiso con las fuerzas de transformación social que nos habitan, y aportamos una nueva visión al futuro que deseamos para todos.

Sentarnos a meditar en los espacios públicos que están a la mano es un acto poderoso e integrativo. Con esta práctica no sólo hacemos más rico y profundo el habitar de la ciudad, sino también nuestra propia experiencia de ser humanos, partícipes de una historia común, creadores de un futuro que anhelamos, portadores de un legado de consciencia que no cabe desconsiderar.

Meditando en la ciudad podemos sentir mejor la historia que yace debajo de la suela de nuestros zapatos, apenas a 5 o 10 metros de profundidad, bajo el cemento de la urbe; ese legado de consciencia colectiva ancestral capaz de dar respuesta efectiva a una buena parte de nuestras necesidades más sentidas. Meditando en la ciudad podemos presentir de mejor manera el futuro que emerge, el horizonte de posibilidades que se nos abre en tanto ser colectivo, nación o territorio local.

Por cierto, concentrarse cabalmente no es tan fácil en medio de la urbe, mientras cruzamos un paseo peatonal, visitamos el mall, o esperamos en una esquina la llegada del bus; sin embargo, con entrenamiento todo aquello es posible, incluso más fácil de lo que pudiésemos creer a simple vista.

Llevar la meditación a los espacios en donde transcurre nuestra vida cotidiana es un desafío ineludible en una agenda que pretenda expandir la consciencia colectiva. Tengamos presente que, al igual que sucede con nuestras ciudades, apenas 1 o 2 capas más adentro de la superficie de nuestro “yo” mora una consciencia arcaica silenciosa, cuyo poder de integración personal y social no lo tiene el mejor de nuestros recursos de auto-ayuda, o de conectividad. Al meditar juntos, al meditar en la ciudad, esa consciencia antigua es convocada, y viene en nuestra ayuda.

Un abrazo.

Equipo MeditaChile

 

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