Meditación y Educación

MEDITACIÓN Y EDUCACIÓN: UNA RELACIÓN VIRTUOSA

Entrevista a Alfredo Molina para la Revista del Ministerio de Educación

21/01/16 por reveduc

profesores

 

¿Qué es para Ud. la meditación en términos simples?

La meditación se puede definir de muchas formas y de hecho ha sido definida de muchas maneras a lo largo de la historia, porque la meditación es una práctica muy antigua. Se creía que fue inventada hace cinco mil años en el valle del Indo en el norte de Pakistán y hoy hay evidencias de que es anterior a eso y que existió no sólo en la India, sino que en África, en América y en Europa. Hoy día pensamos que fue inventada hace unos 10 mil años atrás, conjuntamente con el descubrimiento del fuego doméstico. La meditación, el acto de meditar, ha estado presente en todas las civilizaciones, en todas las culturas y cada cultura la ha definido de una manera distinta.

Hoy, en el siglo XXI, en nuestra cultura y desde la ciencia, definimos la meditación como una estrategia de entrenamiento y regulación atencional y emocional. Esa es la definición actual de meditación. Pero en la Edad Media, por ejemplo, San Agustín la definía como el acto de elevar la mente a Dios, de conectarse con Dios, o de hablar con Dios. En África, son mucho más animistas y tienen una aproximación muy fuerte a los espíritus de la naturaleza y a los antepasados, para ellos meditar es un acto de conexión con el entorno y con el pasado. Acá en América también tenemos tradiciones meditativas bien potentes, que se enfocan en lo comunitario y en la tierra. Pero las meditaciones que hoy día conocemos más son las que provienen de Asia, de Oriente, que son las del Budismo, el Hinduismo y el Taoísmo. Desde mediados del siglo pasado ha existido una migración muy importante de meditadores hacia Occidente, principalmente con el éxodo de los tibetanos, después de la invasión al Tíbet. Ellos llegaron a distintas ciudades de Europa y también a Norteamérica, y desde entonces se ha producido una valorización y una familiaridad con la aproximación oriental de la meditación, principalmente budista. Pero la meditación es un acto humano universal, existencial, que ha estado presente siempre.

Entre la meditación y la meditación en acción ¿Podría definir alguna diferencia entre las dos?

A mí me parece interesante este tema, porque la meditación se ha asociado mucho a la no acción, al no hacer, a quedarse en quietud, silencio, a parar y entrar en un estado de serenidad, en un estado contemplativo. Me parece súper interesante, entonces, plantear la posibilidad de una meditación en la acción, no fuera de la vida, sino en nuestra vida cotidiana, para tener una mejor perspectiva de cuál es nuestra situación, cuáles son nuestras necesidades, cuáles son nuestros problemas y nuestras soluciones para los problemas humanos de hoy. Es una invitación interesante vincular esta herramienta tan linda y tan ancestral de interiorización con los problemas humanos que más nos afligen y ver cómo meditar nos puede ayudar a resolver estos problemas, principalmente aquellos que desde una aproximación convencional no hemos sido capaces de resolver. Entre ellos la Educación, que tiene una gran complejidad.

El acto meditativo puede aportar profundidad, riqueza e innovación en la manera cómo nosotros nos aproximamos a los dilemas y a los problemas de la Educación. No veo sólo la meditación como un contenido más para agregar a un currículum, sino como un factor de enriquecimiento de nuestra reflexión. En la medida en que podemos tener una capacidad de reflexión más serena, o una mayor conexión con nuestra profundidad espiritual, creo que vamos a enriquecer cualquier diseño de estructura o de proceso educativo que queramos nosotros construir.

¿Podemos decir que entre la meditación y la Educación puede existir una relación, que en el fondo la persona la pueda interiorizar y entender los problemas que se le presentan?

Claro que sí, aunque necesitamos aprender cómo hacer eso. Porque la meditación requiere de una pedagogía, de una metodología que nos ayude a aprender o reaprender el acto de meditar. Alguna vez supimos meditar naturalmente. Alguna vez meditar fue lo más natural del mundo, hoy día se nos ha olvidado un poco ese acto de meditar, entonces requerimos de una pedagogía o de una mayéutica para que aflore desde dentro de nosotros ese saber. Y efectivamente puede haber una relación muy virtuosa entre meditación y educación, sobre todo con los procesos educativos, con los procesos de enseñanza-aprendizaje y con los actores de esos procesos, que no se reducen a “alumno y profesor”, sino que implican a toda una comunidad.

¿Y por qué cree Ud. que se ha perdido esa capacidad de pensar, quizás los mismos docentes han perdido esa capacidad o será el modelo de la educación que los lleva a esto?

Bueno, como humanidad o como sociedad hemos estado perdiendo nuestra propia capacidad de reflexionar, de meditar, de asombrarnos. También, de vincularnos unos con otros desde una sinceridad y autenticidad ¿Cómo ocurrió eso? Tendemos a atribuirlo al sistema. A un cierto sistema socio económico que en algún momento emerge a partir de una creencia en el progreso material, y que en un momento nos atrapa y termina privándonos de muchas cosas. Nos priva de nuestra subjetividad, de nuestra interioridad, nos priva de la autenticidad, de la sinceridad en nuestras relaciones. Todo comienza a mirarse bajo un paradigma transaccional, utilitarista, eficientista. De manera que ante nuestros ojos incluso pierde valor un acto tan valioso como meditar o reflexionar, que son actos existenciales muy humanos y cercanos. Uno dice “ok queremos arreglar la Educación, porque los profesores tal y tal cosa”, y sucede que la Educación, los profesores y todos nosotros estamos inmersos en un sistema que está generando ciertas reglas del juego que no ayudan a un buen proceso humano de convivencia y que no ayudan a un buen proceso educativo. Entonces, claro, la meditación puede ayudar a tomar perspectiva sobre todo esto, a tomar perspectiva de los contextos en que operan los educadores. Esa perspectiva nos puede ayudar a encontrar mejores caminos.

Pero estos caminos, ¿Cómo el profesor los puede llevar al aula? ¿Cómo puede mejorar él a través de esta meditación o estado?

A nivel micro, si queremos mirar una sala o un aula, la práctica de la meditación me parece que sería de beneficio para los profesores y para los estudiantes, para todos, en sí misma como práctica. Hacer un espacio a la práctica es algo que sin duda va a traer una dosis importante de beneficios. Pero también en cuanto a los procesos de reflexión y a los resultados y/o soluciones que se están buscando. Para eso necesitamos mucha apertura. Algo muy interesante de considerar aquí es la pedagogía del vacío. En Occidente no estamos muy familiarizados con la pedagogía del vacío, nosotros estamos muy polarizados hacia la acción, hacia el hacer cada vez más cosas, más efectivamente, más rápido y más productivamente.

La pedagogía del vacío, en cambio, es aprender desde el “no hacer”. Cuando tú no haces nada, lo que usualmente nosotros llamamos ocio, cuando tú tienes un tiempo significativo para no hacer nada, eso genera un reordenamiento en las personas, un mayor equilibrio y una posibilidad de reflexión y creatividad que no la tienes cuando estás a mil, teniendo que producir no sé qué cosa. Entonces, en la sala de clases podemos tomar ese concepto, la pedagogía del vacío. Entender que un momento de silencio, un momento de “no clase” puede tener tanto valor y a veces más que un momento de clase, que puede tener mucho valor que el profesor no haga nada, que no tiene que hacerlo todo.

Que un niño aprecie el valor de estar en silencio un rato y de no hacer, eso puede ser mejor a largo plazo, a que esté ansioso por desarrollar tal o cual habilidad que le exige el currículum que hemos inventado.

Y eso en el fondo es una forma de meditar y que a lo mejor es una herramienta que la pueden utilizar a diario, pero no lo ven como una forma de meditación. El hecho de estar en silencio y pensar en qué queremos hacer o qué queremos hacer de este día o qué queremos aprender hoy.

O el hecho de estar cinco minutos sintiendo la propia respiración y entrando en el mundo interior de cada persona. Eso tiene un gran valor. Eso constituye lo que podríamos llamar pedagogía del vacío que puede ser un ingrediente importante, valioso para reorientarnos en el proceso educativo.

¿Y estos procesos, cree Ud., que ayudan a formar una inteligencia o ayudan a la inteligencia emocional de los alumnos, en qué manera pueden afectar?

Los estudios muestran que el entrenamiento en meditación impacta variables de inteligencia emocional de manera positiva, como es el caso de la empatía. También impacta en el nivel de ‘mindfulness’ (la atención plena, conciencia plena o pura, de volver nuestra atención al momento presente) que se asocia a bienestar y a control del estrés. También incrementa la conciencia del cuerpo o de la corporalidad. Una conciencia más completa del cuerpo es parte del equilibrio que necesitamos, es un elemento importante dentro del bienestar, de un bienestar que sea sustentable. Nuestra cultura no facilita la conciencia de la corporalidad. En ese sentido, la meditación es una herramienta muy potente para suplir ese déficit. Desde una mayor conciencia corporal también facilitamos el desarrollo de la inteligencia emocional, porque la comunicación emocional ocurre desde el cuerpo, es principalmente corporal. Cuerpo y emoción están muy relacionados, estrechamente relacionados. Entonces, mayor conciencia corporal, que es lo que te ofrece un ejercicio meditativo significa rápidamente mayor conciencia emocional. Un darte cuenta de cómo te estás sintiendo, qué emociones estás teniendo y también te da la posibilidad de aprender a regular un poco mejor esos estados internos.

Cuando se logra este estado de conciencia, nos gustaría saber ¿Cómo se logra el estado de la felicidad en la persona?

Me gustaría distinguir entre ese concepto condicionado social y culturalmente de felicidad que hoy se asocia a tener o a cumplir no sé qué deseo, con un estado de bienestar que es más natural y que tiene que ver con la conciencia de la vida, con la consciencia de ti mismo, con la consciencia del otro. Hay un estado natural que sí efectivamente se recupera con la práctica de la meditación. Pero el concepto de felicidad, es un concepto un poco difícil, que a veces no tiene una definición precisa. Si tomamos, por ejemplo, las variables del bienestar subjetivo que propone  Martin Seligman (psicólogo que creó los 5 pasos para la felicidad en función de la psicología positiva y que es uno de los principales autores de este tema), efectivamente la práctica de la meditación contribuye al desarrollo de esos factores. A un mayor sentido de la vida, a una actitud positiva, a desarrollar más confianza en las relaciones, o a valorizarse a sí mismo. Una práctica meditativa recurrente ayuda a ir creando esos factores de bienestar, por tanto a ir construyendo en uno mismo un estado de mayor felicidad.

Actualmente la sociedad ve la felicidad como la manera de obtener un objeto, lo que nos interesa saber es cómo a través de la meditación hace que la gente obtenga esa felicidad, pero que sea más duradera, permanente y que no sea por un factor externo.

No sé si seguiría usando el término felicidad para referirnos a un bienestar sustentable. Habría que usar una combinación de conceptos para caracterizar dicho estado. Pero yendo al punto, dentro de las variables que se asocian al bienestar, la calidad de las relaciones y de los vínculos interpersonales es muy importante. Cuando tú comparas cuánto pesan en la felicidad (o en el bienestar subjetivo) las distintas variables, observas que las relaciones, la estabilidad de los vínculos, su profundidad y los niveles de confianza y sinceridad que tenemos unos con otros, pesa más que otros factores.

Entonces, la pregunta podría ser: ¿La meditación puede contribuir a generar esa clase de vínculos, más fraternos, más sinceros, en los cuales nosotros nos sentimos más contentos o más felices? Sí, sobre todo si la practicas en comunidad. Porque la meditación también la puedes practicar solo, pero la forma comunitaria de meditación tiene esa particularidad. Meditar solo en tu habitación contigo no necesariamente aporta demasiado en la línea de construir estas relaciones saludables que nos aportan tanto en términos de felicidad, pero sí la meditación comunitaria. Meditar con otros es algo que hoy hacemos muy poco, de hecho en general tenemos muy poca vida comunitaria y espacios  en los cuales podamos vivir un sentido de comunidad, un sentido de pertenencia. Porque en una comunidad uno se siente incluido, perteneciente a, se siente en confianza, entre iguales y siente un afecto muy grande unos con otros.

Hoy día se habla mucho de la desconfianza, de cómo ésta ha llegado a nuestro país para instalarse. Y por supuesto que eso nos hace mal. Yo creo que la desconfianza tiene mucho que ver con que hemos perdido el sentido de comunidad y que hemos perdido esa clase de vínculo cercano. Pienso que en la medida en que efectivamente meditemos con otros, que nos demos la posibilidad de meditar una vez por semana, por ejemplo, con mis compañeros de trabajo, con mi familia, con mis amigos del barrio, vamos a recuperar más rápido los niveles de confianza que son esenciales para una vida saludable y para un bienestar compartido.

Si llevamos esto al tema de la Educación, a los docentes como tales. ¿Ud. cree que sería de gran ayuda que los docentes generaran el tema de meditación con sus colegas, generaran espacios para poder meditar, como por ejemplo con los niños?

Tenemos que estar abiertos a descubrir, nosotros no sabemos cómo va a funcionar todavía esto, tenemos que ir probando. Ahora, una comunidad por lo general genera lazos de mayor confianza cuando su número es menor. He trabajo mucho con comunidades de 8, 10, o 12 personas y ahí es muy fácil que se construya el sentido de comunidad. También he trabajado con grupos grandes de 40-50 personas y ahí, también se puede generar un sentido de comunidad, pero es diferente. Entonces, si en una sala hay 40 alumnos a lo mejor la puedes dividir en grupos más chicos, de 8 y hacer una comunidad, o varias comunidades de meditación entre los niños. Considero muy positivo, muy potente, meditar con los colegas y yo agregaría ir incorporando a toda la comunidad educativa, meditar con los padres, todos juntos. La práctica la tenemos que buscar, darnos permiso para buscar distintas maneras de ir instalando la práctica en el contexto educativo.

 Las tecnologías están a la mano de los adolescentes, tienen a la mano lo que son las redes sociales y eso los hace quizás ser más individuales,¿De qué forma cree que esto ha sido un efecto más nocivo y cómo podríamos hacer para que estos estudiantes volvieran a conectarse o poder meditar?

Sí, hay algunos indicios de que la sobreexposición a las tecnologías puede tener efectos nocivos o ciertos inconvenientes, tanto en el proceso de formación de los jóvenes como a nivel de la sociedad, y por cierto a nivel de nuestras relaciones. Obviamente las tecnologías son herramientas que son muy potentes y que pueden ser muy útiles, pero en la manera  cómo las usemos. Al parecer, la dosificación de ellas es muy importante. Y cuál es la dosis de exposición a ambientes virtuales que vamos a considerar a lo largo del proceso de formación de los niños es algo que tenemos que preguntarnos. Porque aparentemente las tecnologías nos permitirían resolver muchas cosas a un costo menor. Podríamos tener un profesor en vez de cien y todos conectados virtualmente. Y tener muchas más aulas si son virtuales, pero obviamente que ello también nos privaría de algunas clases de aprendizaje que sólo se pueden producir en el contacto directo, en la relación directa. Creo que es un gran tema para nuestra reflexión, cuál es el lugar que debe ocupar la tecnología en la educación del futuro.

Respecto de la meditación, hay muchas personas que han optado por una estrategia de promoción de la meditación a través de la web. Creo que eso, como una primera fase de entrenamiento o aproximación a la meditación puede funcionar, pero no he visto que se pueda seguir en un proceso meditativo más fructífero y de mayor profundidad, por medio de ese canal. Creo que la meditación presencial y la práctica con otros, no en la soledad del computador, finalmente nos ofrece muchos más beneficios, más riqueza que la práctica tecnológica.

¿Qué es Medita Chile, en qué se basa?

Medita Chile es una red ciudadana descentralizada cuya misión es  promover la práctica de la meditación de manera inclusiva, con foco en la creación de comunidades de meditación en espacios de la sociedad civil. También estamos desde Medita Chile, realizando algunos proyectos de colaboración con instituciones que tienen interés en conocer el efecto que puede tener esta práctica en el desarrollo de sus objetivos, en sus respectivas misiones. Es una red que surgió hace tres años atrás con personas que estamos muy concernidas con el tema de la meditación y que pensamos que esto le puede hacer bien a Chile y al planeta.

¿Cómo realizan las meditaciones, van a algún lugar, a una comuna, ayudan a grupos sociales o al contrario la gente los contacta?

Hay distintas actividades, hay una actividad de meditaciones sincrónicas que hacemos cuatro veces al año y que se medita a cierta hora en cualquier lugar que te encuentres y eso tiene un alcance no sólo en Chile, sino que a nivel Latinoamericano, Medita América. También hacemos meditaciones urbanas o ciudadanas en lugares públicos, convocamos a través de nuestra página o del Facebook invitamos a meditar en una plaza, en un parque, en una casa abandonada. También incentivamos la formación de comunidades, que las personas armen su comunidad de meditación donde sea que quieran armarla. Hemos apoyado a comunidades en lugares de trabajo, en barrios, en servicios de salud, en colegios, en empresas. Esto nace desde el interés de dar a conocer esta práctica y de querer promoverla de una manera amplia.

¿Imparten algún tipo de talleres para los docentes?

Hemos hecho encuentros de meditación con grupos de profesores en distintos ámbitos y la estructura que ha tenido ese taller ha ido en función de lo que ellos  han requerido.

¿Qué les han pedido específicamente?

Por ejemplo, aprender a meditar. También hacer una reflexión acerca de cómo podemos incorporar la meditación en el proceso educativo, también cómo manejar los niveles de stress agotamiento y sobrecarga de trabajo durante el día. Tiene que ver con las motivaciones, con los intereses de las personas que nos han pedido hacer estos talleres.

¿Y en relación por ejemplo, al déficit atencional, los profesores han consultado cómo poder manejarlo a través de la meditación?

Sí, más allá de las precauciones que debemos tener con el diagnóstico y sobre diagnóstico que hay, la meditación es útil en esto. Los estudios están mostrando que meditar tiene un efecto bastante positivo en la regulación de esta situación, de tal manera que se puede recomendar la práctica de la meditación en los casos de déficit atencional. Hay muchos profesores que nos preguntado sobre este tema.

¿Podría decir que se hace un trabajo continuo con las personas, estas puedan dejar de optar por el tratamiento convencional, de pastillas por meses, a un tratamiento de meditación que es menos invasivo?

Creo que vale la pena investigar en esa dirección. Hoy en día, a pesar de que la política oficial del Ministerio de Salud para el déficit atencional es un tratamiento sistémico, lo que se hace en la práctica es un puro abordamiento farmacológico. Eso obviamente tiene consecuencias que no son deseadas. A lo mejor logran mejorar el manejo de la conducta de ciertos chicos en la sala de clases y aliviarle un poco la angustia al profesor. Pero a largo plazo el consumo de esos fármacos tiene efectos muy preocupantes a nivel de la estructura del cerebro. De todas maneras se justificaría una mayor investigación en este tema, para validar estrategias alternativas, entre ellas la meditación.

¿Cómo ve Ud. a los docentes en cuanto a la meditación, interesados en que esto les sirve como método para resolver, reflexionar y abordar ciertos temas?

Tengo la mejor opinión de los docentes de Chile y los mejores recuerdos de mis profesores. Las veces que he trabajado con grupos de profesores en meditación me he encontrado con una enorme apertura por parte de ellos, y con una gran vocación por hacer mejor las cosas. Creo que el terreno está preparado para avanzar en esta dirección. Muchas de las dificultades que se atribuyen a un supuesto déficit docente tienen que ver más con problemas sistémicos, del sistema en su conjunto, que con la calidad docente en sí, aunque es un asunto de perspectiva, de puntos de vista.

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